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Nauta-s

30 Diciembre 2017 - Tema recomendado para leer

A veces, en el mar insondable de las experiencias de vida, corres la suerte de perderte en una copa de vino. O más.

Es entonces cuando las confidencias afloran como la mala hierba. Sin estupor. Como una bocanada de libertad, y te desnudas. Lentamente. Como la primera vez.

No puedes contenerte, porque lo deseas. Como el antojo de un niño por ese último trozo de chocolate. Qué malas son esas madres que nos reprimieron tan ansiado deseo. Y que bendito quien inventara el vino para desquitarnos. Otra copa por favor.

Y los taninos te enloquecen, agitando las verdades mas ocultas. ¿Un poco mas de queso para acompañar? Que grande es el parmesano.

nauta-s Embriagado, buscas sus ojos que son un espejo de tu alma. Y te encuentras. Nos encontramos. Y sale la verdad, temerosa y avergonzada, de color teja. Pero fluye sin el dolor contenido, y te abandonas a la suerte de la confidencia.

Es un pacto sin claúsulas, sin condiciones ni intereses. Es el precio de la lealtad. Un brindis para firmar, de por vida.

Y surgen a borbotones las miserias, los anhelos, la mentira de las expectativas, la verdad inconfesable, y …estas vencido a la suerte del pacto inquebrantable de esos ojos que con su elocuencia, iluminan la realidad de que no eres más que un simple mortal.

No me gusta rellenar la copa de vino que no se ha acabado. Cada copa tiene su tempus, su magia y misterio. De cada una nace un propósito de enmienda hacia uno mismo, si es que te lo permites. Y de su voz sale lo que piensas y no quieres oir. “O lo dejas atrás o abandona”

Un trago mas por favor. Necesito mas. ¿Otra botella?

No necesitamos postre. Lo dulce se inventó para aplacar la ansiedad. Siempre he dicho que el azúcar esta sobrevalorado. Prefiero la armonía del vino de navegantes.

Porque somos eso. Navegantes en una deriva hacia ningún lugar, buscando un puerto dónde desembarcar.

Hay quién va de puerto en puerto, buscando la isla perfecta. No existe.

La isla somos nosotros mismos, y los puertos el punto de encuentro para descargar desazones de la ruta y aprovisionarse de nuevos manjares, …y vino, por supuesto.

Porque la vida no es llegar a puerto. La vida es navegar. Y algún día zozobraremos en alta mar y ya nadie mas sabrá.

Disfrutar la travesía, es compartir la carga de tu velero, paseando de proa a popa con una copa en la mano, y la otra entre sus dedos.

Mmmmhhhh,... el vino que gran medicina.

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Otro premio Nobel para quién inventó los sofás. Una manta, un cigarro, y por supuesto….sus ojos. Hay miradas que escuchan el aliento de lo mas tierno. Y así, nos contamos lo incontable, lo inconfesable. Amarguras, alegrías, futilidades, y los miedos.

El temor a la zozobra se lleva mejor cuando te sientes acompañado. Y allí estaba ella, …la penúltima copa?.

Y la noche naufraga en su inmensidad, del mismo modo que la ternura. De sus labios, la dulce melodía de quien te entiende, firme y sin alegorías. Lo que es, es. Sin disfraces.

Y te das cuenta de que…no duele. Y lo agradeces.

Y sellamos el pacto, …un último sorbo, un abrazo sostenido, un beso lacrado de estima infinita, y la sensación de que no hay mar u océano que quebrante el casco de nuestras vidas.

Nos dimos ese permiso. Y ahora ya no hay miedo.

Las confidencias son así. Un mapa del tesoro en dos mitades, que toman sentido y rumbo cuando se juntan al albor de una copa de vino.

Gracias

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...un espacio personal, así, sin más. No hay porqués, o mas bien hay muchos, pero no tienen importancia. ¿O sí? ..no sé. Los dilemas son mi fuerte, de eso estoy seguro. A partir de ahí, no me responsabilizo de nada.

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